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“Diésel” va camino de convertirse en una de esas palabras tabú que no puede prácticamente ni ser pronunciada. Tras años animándonos a la compra de vehículos impulsados por gasóleo, la industria y la tendencia en países de Europa han demonizado este tipo de combustible y planean sacarlo de circulación, con mayor o menor agresividad, más pronto que tarde. Pero, ¿es todo tan negro?. En parte, pero también tiene sus cosas buenas: estas son las tres ventajas de tener un automóvil diésel.

Sabemos que no es una posición popular dado el ambiente actual y por los ruidos del fin del diésel, pero hay que reconocer que como ocurre con otros tipos de vehículos (ya sean de gasolina, híbridos o eléctricos), aunque los diésel tengan ciertos defectos, no quita que tengan puntos fuertes que los conviertan en una opción a tener en cuenta.

Más fuerza

Un automóvil diésel, a igualdad mecánica con una variante de gasolina, siempre va a tener más par, lo que se traduce en más fuerza y empuje. Los motivos por los que ocurre esto son varios: un mayor ratio de compresión, pistones con un mayor recorrido, su densidad energética es mayor que la de la gasolina, su combustión es más rápida, lo que empuja los pistones con más fuerza durante un mayor recorrido; y, por último, como por norma general están construidos para funcionar con turbo, trabajan con una mayor cantidad tanto de aire como de combustible, lo que produce más fuerza en la combustión.

Menor consumo

De nuevo, si hablamos de un motor de gasolina y uno diésel de idéntica potencia, el consumo de este último siempre va a ser menor, gastando menos litros de combustible a los 100 kilómetros. ¿Por qué ocurre esto? El principal motivo está en el funcionamiento del propulsor.
Mientras que uno a gasolina funciona mediante una chispa de la bujía que comienza la ignición del combustible, el diésel es por compresión. Éste, además, utiliza una mayor cantidad de aire para conseguir la mezcla óptima, lo que reduce el gasto; también emplea una menor cantidad al funcionar en cargas baja, lo que implica idénticas consecuencias; y hay que tener en cuenta que un bloque diésel tiene un rendimiento máximo mejor que el de uno a gasolina, por lo tanto, es más eficiente.
Eso sí, también hay que apuntar que la densidad energética del diésel es mayor que la de la gasolina si atendemos al volumen (es decir, por litro), lo que hace que la misma cantidad de uno y otro entregue una diferente cantidad de energía.

Durabilidad

Este argumento no es tan válido a día de hoy como lo podía ser hace unos años, debido a la evolución tecnológica, pero si se sostiene si estamos buscando o tenemos un diésel antiguo. Como hemos apuntado en el epígrafe relativo a la fuerza de estos motores, la mayoría están preparados para trabajar junto a un turbo, lo que hacía que sus piezas fueran más robustas y resistentes para poder aguantar el funcionamiento. Sin embargo, estos turbos no solían ser muy potentes, lo que hacía que a pesar de estar preparados para resistir un “trote” muy alto, a la hora de la verdad los bloques diésel no sufrieran una carga de trabajo tan alta. Es por ese motivo que aguantaban decenas y decenas de miles de kilómetros, llegando a duplicar la durabilidad de las versiones de gasolina. Prueba clara de ello es echar un ojo al mercado de segunda mano y ver como las unidades movidas por gasóleo tienen un valor residual bastante más elevado que el de gasolinas de la misma época y kilometrajes similares.